Estas son las palabras que dirigió Moisés a todo Israel en el lado del Jordán, sobre lo ocurrido en el desierto de Arabà, el mar Rojo y entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab. Once días de Camino desde Jorev, en dirección al monte Seir hasta Cadesh Barnea. Y fue en el año 40, el día primero, del mes  décimo primero, cuando habló Moisés a los hijos de Israel de todo lo que el Eterno le mandara respecto a ellos.

 

Con esta porción iniciamos el quinto libro de la Torá, que corresponde al nivel de Maljut. Lo que quiere decir que en este libro aprenderemos las leyes de la manifestación. De hecho Devarim quiere decir “Palabras o Cosas”, porque las palabras materializan la energía, las palabras crean cosas en nuestro mundo, que es el Maljut de Maljut. El asunto es que este es el único libro que no fue escrito por Dios, este libro fue escrito por Moshe y es por eso que, a pesar de que este libro repite todo lo que los hebreos vivieron en su travesía por el desierto, Moshe nos muestra una nueva faceta de la realidad.

 

El pretende enseñarnos que la historia no está basada en los hechos objetivos que sucedieron, sino en la manera en cómo la contamos. En otras palabras, cada quien puede contar su historia como mejor le parezca, pues todo es una cuestión de percepción. Un mismo acontecimiento puede ser percibido por alguien de una forma y  otra persona lo  vive completamente diferente. Más importante aún es saber, que si en un auditorio en donde hay un público de 1000 personas se lleva a cabo una obra de teatro, cada persona que presencia el espectáculo está escuchando y viendo algo diferente a la persona que tiene al lado, por lo tanto habrán 1000 obras de teatro que estarán sucediendo al mismo tiempo. Es decir, que de la misma manera como hay 7 mil millones de personas en el mundo, así mismo hay 7 mil dimensiones o percepciones de la realidad. ¿Quien miente y tiene la verdad? la respuesta es paradójica pues todos tienen la verdad. Por eso es inútil imponer el punto de vista de uno frente al otro, porque al mismo tiempo que todos dicen la verdad, todos están también equivocados, pues todas las percepciones de la realidad no son más que espejismos de personas sedientas que transitan por un desierto.

 

Todos nuestros recuerdos son mentiras, y dice rav Nahman de Breslov que si estos nos hacen felices o nos entristecen  es solo porque creemos en ellos. Esto produce guerra entre países y nosotros mismos entramos en guerra con nuestros familiares, con nuestros amigos, con nuestros colegas y con nuestros amores por algo que no existe, por ese deseo de hacerle entender al otro nuestra percepción de la realidad, que en general, es imposible que el otro entienda, pues es equivocada. Así mismo, el otro quiere hacernos entender su visión que también es falsa, por lo cual la vida en el aspecto de las relaciones se convierte en una montaña rusa, que muchas veces nos hace perder la fe, nos amarga y nos hace escépticos en la capacidad de redención y bondad del ser humano.

En el principio de Parashat Devarim, Moisés comienza su discurso de despedida al pueblo hebreo antes de su muerte. Como parte de este discurso,    aparentemente Moisés reprende al pueblo por haber pecado. El asunto es que cronológicamente esta porción  sucede 40 años después de la salida de Egipto. Es decir, que en ese momento la mayoría de la gente que había salido de Egipto había muerto. Moshe le hablaba a gente que técnicamente estaba ajena a lo que el decía, porque no eran ellos los pecadores. ¿Por qué entonces esta porción comienza de esta forma? ¿Qué tendríamos que aprender aquí?

Una de las enseñanzas de la Torá es que debemos aprender de las experiencias ajenas, de las lecciones de los sabios y de nuestros antepasados. Ya sabemos que hay un  proverbio popular que dice que nadie aprende por experiencia ajena, pues bien, esto es anti Torá y es por eso que cada año se lee lo que experimentaron los patriarcas y todos los personajes arquetipos de la raza humana. Por eso este libro es tan poderoso, pues se trata de una repetición de lo ya acontecido en la Torá. Devarim equivale a una Torá completa.

 

Sobre esto, los sabios nos dicen que en cada libro hay un número de Mitzvot determinadas. En este libro de la Torá  hay 200 mitzvot. 200 es el valor numérico de la palabra “étsem",  que quiere decir sustancia, hueso  o esencia y también es el valor numérico de la palabra kadmon que quiere decir arquetipo o antiguo.

 

Devarim de La Torá nos enseña, que no tenemos derecho de hacerle a alguien  reproches por lo errores que ha cometido en el pasado, pues esto es altera al tiempo. Por eso intenta enseñarnos a través de las experiencias de los arquetipos de la humanidad y no de los errores propios. Así mismo, los sabios de la kabalah nos enseñan a través de parábolas, para evitar hacer alusiones personales.  

 

Fíjense algo, el tiempo es una condición evolutiva. La percepción del espacio y del tiempo se creó para poder lograr cierto equilibrio dentro de la experiencia humana, puesto que la la materia es energía limitada, así como toda la dimensión en la que vivimos. Sin embargo, estar repitiendo las experiencias una y otra vez, nos causa un gran desequilibrio porque la energía que define al tiempo y al espacio son las letras del nombre  divino de Dios Yud Hei Vav y Hei, que representan dimensiones de los mundos. Veamos esto:

 

Pasado en hebreo se dice  HAYA, presente es HOVE y futuro es IHYE. Entonces, cada vez que recaemos en el pasado haciendo reproches a los otros o repitiendo nuestros patrones de conductas; y sobre todo cada vez que hacemos resurgir memorias emocionales del pasado como el odio, el resentimiento, el dolor, etc. estamos mezclando los mundos, estamos desarreglando  las letras de los nombres divinos del tiempo, violentando sin saberlo frecuencias vibratorias, cosa que produce  caos.

 

Tenemos que entender que la inclinación al mal nos incita a mezclar los mundos para volverlos profanos y poder hacer su trabajo, que es ejecutar los decretos de muerte.

En otro orden de ideas, es importante saber que cuando el pueblo salió de Egipto, Dios los  guió a  través del desierto para entrar en la tierra de Israel lo más pronto posible, pero sus impurezas le hicieron prolongar su estancia en el desierto durante cuarenta años. Esta porción nos da un signo de lo rápido que estaban viajando originalmente en el hecho de que dice  "son once días de viaje de Horeb a  Cadesh Barnea". ¿Qué quiere decir esto?

Explica el Ari que once días aquí corresponden a los 7 reyes primordiales de Edom que murieron, que son las 7 sefirot del caos, mas  las 4 espaldas de Aba e Ima (Adam y Eva), que corresponde  al colapso de los intelectos cuando ellos no estaban aún maduros,  los cuales conformaron el árbol de las klipot. Veamos esto:

 

El origen de la inclinación al mal o el yetzer hara se produjo por la ruptura de las vasijas de los mundos del caos. Sabemos que el hombre de hoy es producto de la evolución de la especie, entonces esto se trata de una condición psicofísica del ser humano y más aún, se trata de una condición del alma.

 

El ama se manifiesta a través de la consciencia, entonces el origen del mal proviene de la oposición que la conciencia separada le hace a la consciencia Divina, que no es otra cosa que la consciencia de unidad. A mayor integración con el otro y con el ambiente que nos rodea, mayor es el acercamiento a lo Divino; y a mayor fraccionamiento o individualización, mayor es el acercamiento al mal.

 

Esto es muy fácil de entender, si cuando conducimos somos previsivos, cuidadosos y bien intencionados raramente ocasionaremos algún problema de tránsito. Pero si por el contrario conducimos  a toda velocidad solo para sentir un pico de adrenalina, o si solo pensamos en nuestro bienestar sin importarnos lo que le pase al otros, probablemente(Jas veshalom) ocasionaremos un accidente que le permitirá al Yetzer Hará intervenir en este mundo.

 

El Ari utiliza los 11 elementos caídos representados en estos 11 días, para darnos una importante lección. Este número  es especialmente significativo porque es uno más que diez. Diez significa santidad, la unidad de las 10 sefirot completandose y funcionando en perfecto orden. La matriz de diez sefirot es perfectamente equilibrada y cuando estas  operan adecuadamente, son el canal para la transmisión y distribución de la santidad a lo largo y ancho de la realidad.

 

Once, sin embargo, indica  exceso, un derramamiento o desperdicio de energía divina.Para que cualquier cosa exista, incluso el mal, debe haber cierta fuerza de vida Divina contenida en ella. Es decir, se necesita alguna voluntad de Dios para mantenerla en existencia. La diferencia, pues, entre el mal y la santidad es que en la santidad las diez sefirot absorben la fuerza vital que las anima, en cambio  las kelipot, que son las cascaras que rodean a las sefirot, no pueden absorber la energía luminosa, porque lo profano no puede mezclarse con lo sagrado. Entonces lo que sucede es que la luz se cierne sobre sus cabezas, es decir se queda rodeando las kelipot. Este brillo es considerado la undécima entidad.

 

En terminos practicos, esto quiere decir que toda la luz que desperdiciamos ilumina a la klipa que produce caos. Me explico, en todos los objetos hay luz y nuestras acciones pueden servir para incrementar el bien o para incrementar el mal. Por  lo tanto, la comida que botamos  a la basura, los centavos o céntimos que despreciamos o desperdiciamos por que pensamos que tienen poco valor; el tiempo que perdemos  en tonterías, etc, se convierten en acciones que incrementan la falta de santidad en el mundo.

 

La fisicalidad es una vasija y la luz solo puede entrar dentro de las 10 sefirot, por lo tanto no debe haber  desperdicio. Todo lo que está demás en nuestras vida, todo lo que nos sobra es una manifestación de que la luz se queda por fuera de las sefirot. Esto solo fortalece a nuestro ego pero peor aún, esto es una señal de que estamos incrementando el mal en el mundo. Por eso el apego al consumismo es tan nocivo.

 

En términos psíquicos, el desperdicio es falta de apreciación de la divinidad que hay en todo, por lo tanto se acentúa la sensación de separación, lo cual se manifiesta físicamente  en soledad y falta de experiencias amorosas, entre otros males.

 

Recuerdo una frase de Louis Hay que dice: “En el mundo no hay hambre por falta de comida, sino por falta de amor”. Esto se evidencia en el sistema francés de forma flagrante. Por ejemplo, cuando un producto llega a su fecha de perención el supermercado está obligado a sacarlo de la vitrina de exposición y botarlo. Sin embargo, todo el mundo sabe que la fecha de vencimiento de un producto fresco es preventiva, así que un yogurt que se ha pasado su fecha, puede ser consumido sin problemas, hasta 10 días después de su fecha de vencimiento. Por tal razón, la gente de bajos recursos recuperaban estos productos de la basura para poder comer. Como había riesgo de contaminación alimentaria lo cual ponía en riesgo de demanda judicial contra los productores y a las corporaciones, los patrones de supermercados optaron  por rociar los productos con cloro, para que no fueran comestibles.

 

Desde el punto de vista racional, la gente opina  que tienen razón en hacer eso porque cada quien se protege como puede. El problema está allí, porque cuando el mal se justifica no solo persiste, sino que se incrementa. Les cuento esto para que entendamos que no podemos continuar percibiendo la realidad dentro del hipnotismo de las masas. Vivimos en un sistema corrupto y obsoleto en el cual todos somos indiferentes con respecto a los otros y además participamos de la distorsión. En algún momento a esto tenemos que ponerle un punto final.

 

Siendo así, la consigna  entonces para esta semana es vigilar nuestra propia consumación. Debemos  evaluar cuánto desperdiciamos y que es lo que nos sobra, pues esto es un importante factor que afecta directamente nuestro sustento; pero más importante aún, es reflexionar cuales son las causa emocionales que nos hacen tener este exceso.

Este libro tiene la capacidad de enseñarnos a ser más prósperos, así que una de las leyes de la manifestación que nos da aquí  y que luego se traduce en salud dinero y amor, es que debemos comenzar a  darle uso santo a cada cosa que tenemos y a los medios que el creador nos provee para sustentarnos.

 

Hay otro punto importante que nos presenta esta porción. Se trata de la mitzva de reprender al otro cuando sabes que va  a transgredir el sistema, pues es lo que Moisés hace aquí con el pueblo. Si el mal sucede ante nuestros ojos y no hacemos nada para impedirlo, estamos siendo responsables de las consecuencias. Sin embargo esto tiene ciertas condiciones: primero que nada vemos aquí que Moisés no acusa a ninguna persona en particular, no le apunta con el dedo a ninguna persona, El habla  de manera general.

Por ejemplo, si hay algo que no te gusta en algún miembro de  tu familia, tu los reunes a todos y expresas lo que tu piensas. El que se siente afectado debe reflexionar por sí mismo y no porque lo estamos culpabilizando de algo. Esta manera de reprenderlo no produce un bloqueo conductual, no agrede y no humilla a ninguna persona, lo cual  le facilita al otro el acto de Teshuva. Cuando hacemos un reproche al otro estamos provocando una respuesta conductual de oposición lo cual contribuye con el mal que está generandose a si mismo.  La Torá siempre nos incita a cuidar del otro sin tener que darle lecciones de moral.

 

Pero supongamos que tenemos que hablar con una persona directamente, entonces debemos encontrar las palabras adecuadas para que esta persona no se sienta culpable, ni agredida. La idea no es tratar de corregir  a nadie, la idea es mostrarle una vía diferente a la que está tomando, pues mucha veces la gente no es consciente de su automatismo, y por eso no sabe que existen otras vías de conducta. Por eso Moisés habla con el pueblo con mucha humildad y con palabras dulces como la miel. De hecho, aun cuando se siente amargura en sus palabras,  el suaviza todo lo que sucedió, quitandole gravedad a los acontecimientos vividos.

 

Si por el contrario, nuestro objetivo de reprender al otro es restregar nuestro resentimiento, vengarnos o humillarlo, el sistema interpreta que el que humilla es más apto para corregir el desarreglo de las sefirot, pues es quien está emitiendo juicio. Entonces es él quien sufre las consecuencias, cuando la ley de causa y efecto se pone en marcha para restablecer el orden, pues en lugar de excitar al sistema de la derecha con amor y dulzura, excita a la columna izquierda con severidad.

 

Para terminar les dejo cuento una historia jasídica concerniente a esta porción:

 

Un jasídico  sin trabajo, ni dinero dinero fue a visitar al  rabino Shlomo de Radomsk: la hija del hombre pobre estaba en edad de casarse, pero el hombre no  sabía dónde  encontrar  el dinero necesario para la dote y la boda. Este hombre escribió todo esto en una nota y se la entregó a tzadik.

 

El tzadik lo leyó y exclamó: "¿Qué es esto que he leído aquí acerca de que eres un pobre hombre?" Entonces para darle una lección, dulcemente y bromeando le dijo al hombre: Es mejor que salgas de mi casa de inmediato, porque nuestros Sabios nos enseñan que "un mendigo se considera una persona muerta, y yo soy un kohen, uno de la familia sacerdotal, que no puede ser contaminado por la exposición a los muertos! ". Es decir, nunca debemos definirnos a nosotros mismos como pobres pues estamos negando al creador, que es el proveedor del mundo. Lo que sucede con una persona que está en carencia es que está rechazando al creador, se está auto castigando.

 

El hombre en su humildad se asustó y salió corriendo, pero el tzadik lo llamó: -¡Venga para acá hombre, no se asuste, le dijo el rav!.  Este debe ser seguramente un caso de una mitzvá, es decir, un cuerpo muerto al que nadie puede atender, en cuyo caso un Kohen puede contaminarse. Afirmó el rabino para hacerlo reír. "

 

El tzadik se dirigió otra vez al  hombre y le dijo: veo que te preocupas del matrimonio de tu hija, pero acaso ¿tienes pan para comer?

 

-Para decir la verdad  no, no logro tener pan en mi mesa por mi mismo. Balbuceó el mendigo.

 

-El tzadik que lo veía todo replicó: Pero usted dice la bendición de Hamotzi sobre el pan todos los días, ¿de dónde saca el pan?

 

"La mayor parte proviene de mi esposa, ella trabaja y gana un poco".

 

-¡Qué buen negocio! -exclamó el rabino bromeando. "Su esposa lo apoya, Dígame: ¿de qué manera su mujer gana sus ingresos? "

 

"Ella va a todos los patios de los aristócratas de la zona, vende verduras y los objetos que encuentra,  gana un poco de dinero y con ello comemos pan", respondió el mendigo.

 

"Si es así", dijo el tzadik, "tenemos un versículo en la Torá en Devarim que lista los nombres de algunos lugares, y allí dice chatserot vadiy zahav, que quiere decir los patios del oro abundante. Entonces le dijo el Tzadik:

- si ella va al patio no debe dudar que es oro  lo que encontrará''.  Váyase en paz mi buen hombre,  el Todopoderoso le ayudará y su esposa prosperará con oro abundante(vadaiy zahav). "

 

Cuando el hombre regresó a casa y su mujer le preguntó qué había traído de la casa del rabino, él no supo qué contestar.

 

Después de algún tiempo, su esposa llegó a casa con un paquete y dijo: "Mira, hoy encontré esta cosa tirada en el barro".

 

Lo abrieron, y encontraron trescientos rublos, que era  una suma considerable en esos días. La mitad de ellos lo reservaron para la dote de su hija y los gastos de la boda y con el resto, el hombre estableció un pequeño negocio en el que prosperó para el resto de su vida.

 

Después del fallecimiento del rabino Shlomo de Radomsk, este Jasid vino visitar al hijo del tzadik que fue su sucesor como rebbe, el rabino Avraham Yissachar. Entonces el hombre le contó la historia.

 

-Mi padre -dijo el tzadik- era un hombre extraordinario: El se las arreglaba para que cada expresión de sus poderes sobrenaturales y su inspiración divina fueran  escondidos detrás de sus bromas y su dulzura, para para que nadie supiera que había algo extraordinario que se ponía en marcha cada vez que el daba una beraja.

Esta historia nos da una idea del poder de este libro.

 

Con esto me despido y les digo la próxima

Un abrazo

Maciel

 

 

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