Elohim Dagul, Dalet


 

Esta grafía ocupa la posición número  4 en el alfabeto hebreo, y su nombre quiere decir Puerta. El Zohar explica que Dalet deriva de la palabra Dalut, que significa pobreza. Sin embargo,   esta pobreza no se refiere al estado de miseria, sino a la ausencia de Luz que tiene por sí misma, y, por esto, siempre debe estar acompañada de Guimel (la letra número 3), que le aporta la misericordia (Jasadim). Esta ausencia de Luz le permite otorgarnos el atributo de la humildad, porque no tiene nada, por sí misma, para poder sentirse orgullosa. Esto es un punto que nos da la Divinidad para reflexionar sobre lo que sustenta al ego: nuestra arrogancia y orgullo. Dalet nos propone preguntarnos: ¿cuál es nuestra obra para sentir tal arrogancia? ¿cuál es la trascendencia de nuestro paso por el mundo? ¿de qué tengo que sentirme orgulloso(a)?

 

Buscar las respuestas a estas preguntas nos permite dos cosas:

1. Darnos cuenta que, sin un propósito altruista, nuestra vida carece de sentido.

2. Tomar consciencia que el objetivo que tenemos, dentro de la vía espiritual, es desarmar la caparazón que nos ponemos  (nuestro ego).

 

 

La verdad es que nos peleamos contra molinos de viento por defender nuestro punto de vista, creyendo que tenemos algo que defender, y que poseer la razón nos da una importancia capital en este mundo. De la misma forma, creemos que tener un estatus social o económico nos da importancia en este universo, y la verdad es que a Dios no le interesa ni lo que decimos, ni lo que pensamos, ni lo que poseemos. Existen dos formas de evolucionar: por medio del dolor o a través de la sabiduría. Así, pues, lo que tenemos, decimos o hacemos, va y viene, de acuerdo a nuestro mérito y a las circunstancias que necesitamos para evolucionar. Siempre que estemos encarnados, estaremos sometidos a la percepción de los 5 sentidos, quienes representan la antítesis del Alma.

 

Dalet nos otorga el mérito de la humildad (por eso, su forma nos hace pensar en un hombre doblado ד).


 

Esta grafía, como ya se dijo, quiere decir Puerta, lo cual nos indica que encierra un contenido de resguardo, de protección. Dalet atraviesa el abismo que hay en nuestras vidas, aquel que nos separa de la totalidad. Este abismo es conocido en el Antiguo Testamento como el Árbol del bien y del mal (la dualidad en la que nos impregnamos cada día).

 

 

Al meditar con esta letra nos colocamos dentro de su cuerpo de energía, el cual nos ubica en un punto neutro en nuestra percepción. En ese punto está la paz. De la misma forma que al final del día sueñas con llegar a tu casa para estar a salvo y aislarte del huracán de la vida cotidiana, Dalet nos auxilia para mantener a salvo nuestro estado mental  de las perturbaciones energéticas del colectivo. Pero ¿qué pasa si, al llegar a tu casa, está sucia y desordenada? Pues, el ambiente no es propicio para que esa casa sea tu apoyo y, por el contrario, se convierte en una carga. De allí la importancia de la limpieza (exterior e interior) de nuestra casa. La limpieza exterior se refiere al mantenimiento, orden y limpieza de nuestro entorno (casa, lugar de trabajo, ambiente, medio de transporte, etc.), mientras que la interior implica la corrección de los esquemas que sustentan al ego.

 

Dalet significa, además, lugar donde se mora, o, mejor dicho, lugar en donde Dios mora. Su posición número 4 y su numerología (también 4), está asociada a los 4 elementos que sustentan a la naturaleza: fuego, agua, aire y tierra

 

 

Dios mora en la naturaleza a través de sus espíritus elementales, y de allí deriva la importancia de la armonización con estos 4 elementos. Para ello, debemos conectarnos con éstos en meditación. ¿Cómo lograrlo? Hay que entablar amistad con ellos, pues son Ángeles, Inteligencias activas. Por ejemplo: con una velita, activamos el elemento fuego, y, al hacerlo, podemos decirle: yo consagro este fuego al servicio de Tu Luz y de Tu amor. El fuego es movimiento, desbloqueo, actividad, sexualidad, pasión. El agua, que simboliza nuestras emociones, puede activarse colocándola en una copa (de cristal o de plata), y se consagra igualmente.  La Tierra, que representa la materia, el habla y la sabiduría intrínseca en la naturaleza, puede representarse con cristales o una campana, y el aire (símbolo de nuestros pensamientos) se activa a través de inciensos o perfumes.

Antes de proseguir, es necesario aclarar que la palabra consagrar, literalmente, quiere decir "dar uso sagrado",  En realidad, todo lo que hacemos debería ser un acto "con-sagrado". La consagración es la limpieza de lo bendecido para elevarle la frecuencia, de modo que sea apto para recibir lo sagrado. Un elemento consagrado se convierte en Dalet (la casa en la que Dios mora).

 

Es importante destacar que de nada sirve activar los 4 elementos exteriores, si no cuidamos los 4 elementos interiores: nuestras acciones (fuego), pensamientos (aire), sentimientos (agua) y palabras (tierra). Esa es  la consagración de la casa que somos. Si se recomienda activar estos elementos no es para hacer magia, sino para recordarnos cada día que debemos desconectar el piloto automático, y tomar consciencia de todo lo que hacemos y sentimos (eso se llama estar presente).   Dalet es la Puerta por donde la Luz pasa, la cual se diversifica en estos 4 elementos (el más denso de ellos, la materia, es Luz condensada).

 

De la misma forma que Dalet nos hace pensar en un hombre inclinado en señal de humildad, también su grafía nos muestra a un hombre que se postra en oración  o meditación. La meditación consiste en "consagrar" un espacio para nutrir nuestra alma, que nos permita hacer  descender el Ruaj (los niveles superiores del alma).  Meditar significa aquietar la mente. En el cuerpo mental comienza la guerra de pensamientos, y ésta es incontrolable. Felizmente, no percibimos los 60 mil pensamientos que tenemos al día (sólo nos percatamos de la punta del icebergdel cuerpo mental). Si podemos apaciguar esta pequeña punta y bañarla de Luz, el resto, la parte profunda que no percibimos, comienza a recibir Luz también. Aquí, es necesario decir que  la meditación oriental no es útil para todo el mundo. En general, es poco apropiada para Occidente, porque, a excepción del Yoga,  es pasiva (cuando se trata de mantener la mente en blanco). La meditación en Occidente es activa y contemplativa, es decir, utiliza la visualización de imágenes y símbolos que nos conectan con estados mentales superiores, capaces de aquietar el cuerpo mental desbocado, propio de nuestra sociedad. De allí la dificultad  que tiene mucha gente para iniciarse en el arte de la  meditación. Por ello, recomiendo, muy especialmente, seguir las meditaciones con las letras hebreas, porque ellas transportan la Luz que baña nuestros 4 elementos interiores.

 

 

Es así, querido amigo, como te propongo iniciar la consagración de tu casa interior, para que el amor, la alegría y la abundancia, como manifestaciones de la Luz, moren en ti.

 

Meditación práctica

Primeramente, se recomienda dibujar la letra (usa la imagen que está en el inicio, en blanco y negro). Luego, observarla de 3 a 5 minutos, cerrar los ojos y visualizarla  frente al tercer ojo. Seguidamente, se lleva la letra a la glándula pineal (en el centro de nuestro cerebro). Por último, se visualiza en el cerebelo (ubicado en la base de nuestra cabeza, en donde se conecta la columna con el cerebro). Para mayor claridad, observa la siguiente imagen, donde está señalada la ubicación de la glándula pineal y el cerebelo en nuestro cerebro.


La anterior instrucción también puedes escucharla en el siguiente audio (formato mp3) que te brindamos seguidamente. Recuerda que estas instrucciones son generales, y, por tanto, debes seguirlas para cuando inicies la meditación con cualquiera de las letras hebreas.

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INSTRUCCIÓN GENERAL.mp3
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Una vez que hayas realizado la práctica anterior de visualización, escucha la siguiente meditación, que está construida para que te conectes, de forma específica, con el Elohim Dagul, Dalet.

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MEDITACIÓN DALET.mp3
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